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01.05.2010

Conferencia: 'Investigación en torno al envejecimiento'

Jesús Flórez: “La aparición del Alzheimer en personas con síndrome de Down se produce entre 20 y 25 años antes que en el resto de la población".

El Doctor en Medicina y Farmacología de la Universidad de Cantabria y director del Portal Down21, Jesús Flórez, ha explicado la relación que existe entre Alzheimer y el síndrome de Down y ha asegurado que la aparición de la enfermedad en personas con síndrome de Down, se produce “entre 20 y 25 años antes que en el resto de la población” si bien, ha apuntado que el envejecimiento precoz de estas personas “no es sinónimo de padecer la enfermedad”.

Los síntomas iniciales del Alzheimer en la población con síndrome de Down pueden diferir de los que se ven en el resto de la población. En general, “es frecuente que se inicie con problemas de memoria episódica y de orientación”, mientras que en las personas con síndrome de Down “son más frecuentes los llamados síntomas de corteza prefrontal.: indiferencia, falta de cooperación…”.

Durante la celebración del II Congreso Iberoamericano sobre el síndrome de Down, Flórez ha hablado sobre las razones biológicas del envejecimiento temprano de las personas con síndrome de Down y ha asegurado que, a medida que envejecen, estas personas “suelen tener más calma, paciencia y aceptación, pero pueden ser menos flexibles a los cambios”.

En ese sentido, el presidente del portal Down21 ha coincidido con la experta en Neuropsicología, Roser Fernández, en que el envejecimiento en las personas con síndrome de Down es “más precoz” que en el resto de la población. Asimismo ambos han confirmado que estas personas “tienen un umbral del dolor más bajo”.

Igualmente, Jesús Flórez ha informado de que “la esperanza media de vida de una persona con síndrome de Down se aproxima a los 60 años”, una cifra que, “aunque es claramente inferior respecto a la esperanza de vida del resto de la población” es muy superior a la que había hace 30 años cuando “apenas llegaba a los 25 años”.
Por último, el director técnico de la Fundación Gil Gayarre, Francisco Javier Perea, ha identificado los “agentes implicados en el proceso de envejecimiento de las personas con discapacidad intelectual”.
En primer lugar, la familia que, según Perea es “el primer referente activo y de seguridad. Un grupo social que apoya, participa y asesora”. También debemos contar con el entorno porque “genera oportunidades para que la persona esté incorporada en la sociedad”.

Por último, no podemos olvidarnos de las “prácticas profesionales” basadas en “el respeto a la dignidad, intimidad y a los valores que deben estar basadas en la calidez, la cercanía y la confianza”. Además, el profesional “debe estar dispuesto a estar formándose continuamente”.

Prevención de la dependencia
El subdirector de EAI/Consultoria, Francisco Mañós, ha enumerado los principales problemas que plantea la prevención de la dependencia, destacando “la ausencia de un planteamiento global que aborde la panorámica general del proceso de envejecimiento; la dispersión de la literatura disponible y la diversidad de modelos teóricos explicativos del proceso”.
 
Para superar estas dificultades, el psicólogo y fundador de la Asociación AMICA, Tomás Castillo, ha invitado a la Administración a invertir en programas de prevención ya que “si se invierte en esta materia, las personas seremos más independientes en un futuro y necesitaremos menos recursos, por lo que resultará una estrategia rentable”.
 
Castillo ha declarado que “la discapacidad es una mera circunstancia, pero cada uno, al ser personas diferentes, la vive de una forma diferente”. Por tanto, “los problemas no son iguales en discapacidades similares”. Así, ha señalado que la prevención de la dependencia debe trabajarse desde una planificación centrada en la persona.

Por su parte, la pedagoga Lourdes García, ha apoyado esta idea haciendo hincapié en es “fundamental que cada persona tenga autoridad para definir y perseguir su propia visión”.  
 
“Deben por tanto ponerse en valor aspectos como sus relaciones personales, su participación en la comunidad etc; las redes de apoyo deben colaborar apoyando la visión de la persona y acompañándola, pero no controlándola”, ha añadido.
 
Para concluir la pedagoga, Ana Ramis, ha señalado que es “fundamental” que lo que se trabaje con los profesionales, también se potencie en la familia. “Educar para toda la vida es una tarea compartida, y no repartida”, ha apuntado, reiterando que no se puede “prescindir ni del conocimiento teórico de los profesionales, ni del proporcionado por la proximidad emotiva de la familia. Sólo a través de este conocimiento compartido, se puede construir una red de seguridad que permitirá que la persona con discapacidad camine con más autonomía.

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